viernes, 29 de noviembre de 2013

Escape.

Una semana inerte, un día insípido e increíblemente pesado. Una mala noche, una vida rara.

  Me parece el momento indicado para admitir (esta vez sin rodeos y sin torpeza al hablar) que usted es mi chaleco salvavidas. Después de una jornada agotadora y pesada, su imagen aparece. Se escabulle de alguna parte de mí que está sepultada durante el día, y sólo en la noche se manifiesta. Su recuerdo brota de lo oscuro, como una Flor de Loto, nunca se le ve llegar. 
Me acecha, me vigila; a veces con mirada inquisidora, a veces con melancolía.

  Usted deberá imaginar aquél temor que una noche me invadió, aquella agonía intermitente que sentí cuando ya no podía evocarlo con claridad... Se convirtió en un espectro lejano. Como aquél libro que se leyó una vez, y cualquier jugarreta de la vida lo expone de vez en cuando.

Aquella noche lo descubrí: Debía fabricar un  nuevo recuerdo.

viernes, 8 de marzo de 2013

Felicia, un libro abierto.

Dedicado a mi chichi.

Pocas personas han influido tanto en mi vida como mi abuela... Recuerdo las tardes en su casa, escuchándola hablar sobre sus libros favoritos, sus citas favoritas, sus historias favoritas. Sinceramente, las historias que más me interesaban eran las suyas, cada vez me sentía más maravillada por su forma de vida, de pensar... Ella alimentaba mi imaginación con sus cuentos de desamores, de conflictos, de sufrimientos y logros. Entre el humo de sus cigarrillos y el olor a café me encontraba en el ambiente perfecto, me sentía menuda e insignificante a su lado, al lado de esa mujer tan segura y vehemente; que al mismo tiempo me proporcionaba una sensación de serenidad y seguridad.

   Siempre me ha impresionado su biblioteca, variada y llena de colores, un jardín de literatura; mi mayor travesura siempre ha sido robarle sus libros, pero al final siempre se da cuenta, y me lanza una de sus miradas maternales acompañadas con un : "Disfrútalo, una vez que lo abras tienes la obligación de terminarlo, así no te guste.". 

   Quién sabe cuantas historias esconde su memoria, quién sabe que clase de recuerdos guardan sus ojos, quién sabe cuántas palabras se ha ahorrado, quién sabe cuantas lágrimas ha derramado en silencio.

   Me parece increíble que todavía ella sea la única persona capaz de hacerme sentir menuda, cómo una niña de 5 años. Las palabras se sienten tan vanas y superficiales cuando intento describir la inmensidad de su ser.

   "Yo nací para amar, no para ser amada", una de sus frases que más me ha afectado, ¿se dará cuenta de que la amo y admiro cómo a nadie en este mundo? 
Sí, lo sabe. 
Estoy segura de que lo sabe, porque mi mirada me delata, y al estar frente a ella sólo quisiera hacer esos momentos eternos, cuando estoy a su lado intento aprender todo lo posible para llegar a ser una gran mujer como ella. Leí una vez: "Ella era un libro abierto, que desafortunadamente encontraba en su camino a amantes analfabetos".  

   Felicia, mujer llena de historias.
   Felicia, mi libro favorito.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Embriaguez musical.


En algunos momentos, cuando siento la inmensidad de alguna melodía quisiera estar a tu lado. Sucumbir ante el profundo deleite que proporciona una buena tonada, ceder temporalmente a la libertad… Y así nos vamos despojando de las palabras, del nihilismo de las palabras.

En esos momentos, cuando me siento totalmente desligada de mi orgullo sólo anhelo tenerte abrazado a mí, sin decir una palabra. Mientras dejamos que el placer se extienda y se diluya entre los caudales de la música.Y disfruto al mirarte bailar, dejándote llevar por cualquier ritmo. Así no tengas idea de lo que haces, disfruto mirándote, porque para mí es la escena más conmovedora que he visto. Luego no puedo resistirme ante el impulso de bailar a tu lado, balancearnos juntos; después de percatar que hemos pasado un par de minutos pisándonos los pies, bailando a nuestro ritmo (diferente al de la canción). Nos reímos, nos besamos, y el beso lleva a la caricia, y la caricia a su continuación.

Así sin notarlo acabamos totalmente embriagados, dulcemente embriagados por la música.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Oasis.


Estos días todo ha estado raro, este desenlace se tornó de forma extraña. Estos días…  estos días sin verte parecen interminables. Tú siempre has sido mi pequeño Oasis, el que me aparta de la Odisea a la que llamamos “rutina”, que me carcome y me consume lentamente.

¿Por qué en estas últimas horas siento que has cambiado? ¿Has cambiado, o he cambiado yo?

¿Por qué ya no veo las cosas desde la gama de matices que solías proporcionarme? Ahora observo mi entorno en blanco y negro, las calles se ven opacas, las personas parecen hipócritas dentro de su diplomacia, ¿pero no han sido siempre así? Hipócritas conformistas, fariseos jugando a ser optimistas.  
Ahora se supone que debo esperar, debemos esperar, ¿esperar a qué? Si algo he aprendido en estos días ha sido a esperar, pero poco a poco la paciencia se vuelve insuficiente, y la espera se alarga en un sinfín de horas, de días. El tiempo es mezquino y sólo consigo alimentarme de recuerdos, de aquella época cuando en mi vida había tiempo para escapar de mí misma.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Literofilia.


Abre el libro, lee detalladamente cada una de las palabras que se encuentran plasmadas en la hoja derecha, posa su mirada sobre cada letra de una manera casi erótica, como si las acariciara.
Palpa el cuero del lomo de su libro, al pasar las páginas siente el olor de las hojas viejas, el mejor olor que conoce, por eso siempre adquiere libros usados.

El lector imagina cada uno de los personajes, recrea la situación, imagina el ocaso en aquél bosque de la vieja Patagonia argentina… Visualiza a la desdichada protagonista, casi percibe su olor a Laurel mezclado con su transpiración, se desespera.  Ella huye, ella llora, ella suda aunque tenga mucho frío; gira la cabeza, no viene nadie. Siente profundo alivio.

Sin notarlo se queda dormido con el libro en su pecho, el frío lo despierta. Ya no está en su casa, no está en su cuarto, se encuentra acostado sobre lo que parece ser pasto, el ambiente le resulta familiar. Se levanta e intenta observar a su alrededor, los frondosos árboles que lo rodean le impiden mirar al horizonte, es de noche, ya no es él, ya no es hombre. No entiende qué le sucede, de pronto recuerda todo: debe huir.

Gira la cabeza, dos hombres la persiguen, continúa corriendo, está cansada. Las ramas robustas y frías golpean su rostro, antes que se de media vuelta y termine por comprenderlo, una bala fría le atraviesa el pecho.

domingo, 18 de noviembre de 2012


Vamos a recordar este día, que en nuestras memorias quede guardado.
Aunque aun no haya terminado,  yo todavía no lo he olvidado.
Porque probablemente esta será la última vez que te vea, y este beso será un sutil presagio de un fin que se acerca, mañana no será igual, mañana ya no será lo mismo.
Despertaré sintiendo una profunda melancolía, y quedará alrededor de mí la ausencia de tu esencia.
Quizá mañana ya estés en otros brazos, que estarán más disponibles de lo que yo siempre estuve… ya que siempre he estado limitada, por límites ficticios que sólo mi mente imagina y tú jamás los entenderías.
Y quizá nos recordaremos, a una hora indeterminada del día, anhelando viejos momentos y reviviendo detalles que creíamos ya olvidados.
Tal vez poco a poco olvidaré tu nombre, tu mirada ausente y tu forma particular de caminar; pero te recordaré en mis manos, en mi piel y en mis labios.
Y aunque no te vea sé que lograré mirarte, por pocos instantes en los ojos de algún desconocido.
Y aunque quisiera mil veces vivir este día, te garantizo que será rápida nuestra despedida, pero no te aseguro que dejaré de pensar en ti.

viernes, 5 de octubre de 2012

Desconocido


Lo vi entrar al restaurante.  Él me miró y me sonrió, le devolví la sonrisa; le dije un “Hola” cordial e indiferente, el cual me respondió de igual manera.
Iba de la mano con ella, se veía feliz. Lo noté en sus ojos que sólo alcanzaban a mirarla a ella, como si en aquél lugar no existiese nadie más. 
Sus labios… pronunciaban en un bajo tono de voz palabras, que sólo podían ser escuchadas por aquella chica. Sentí nostalgia, al ver esos labios que hace pocos meses solía besar, y en ese momento besaban a otra.
Él le hablaba al oído, ella se reía, probablemente estaba halagándola; la felicidad de ese momento se notaba a distancia, y conmovía a cualquiera que observara la escena.  Aunque el lugar estaba lleno de personas, ellos parecían alejados.
Él apretó sus mejillas, ella se molestó e hizo una mueca, él la besó con ternura  y ella aceptó el soborno. Él de vez en cuando volteaba a mirarme con cierta lástima, quién sabe que habrá pensado al verme sentada en aquella mesa, sola.
Ellos seguían besándose, jugueteando y discutiendo de manera ilógica. No pude aguantar tanto derroche de amor, tenía un nudo en la garganta y no parecía posible deshacerlo.
Me levanté de mi silla, dejé la propina en la mesa y abandoné el lugar; él no me vio, seguro no debió haber notado mi ausencia, estaba muy ocupado haciendo feliz a aquella mujer que tenía a su lado.
Al cruzar la puerta de aquél restaurante dejé escapar un par de lágrimas, los recuerdos aparecieron de manera inesperada, los momentos que pasé a su lado regresaron a mi mente.
Qué difícil es mirar a la persona que en algún momento de mi vida fue la más importante, ahora está siendo feliz y no es a mi lado. Qué difícil es encontrármelo en la calle, y sólo fingir que es un desconocido.